Érase una vez un… ¡chasco!

Érase una vez… ¡un chasco!


¡Atención, este artículo puede contener spoilers!

Para algunos, Quentin, es algo parecido a un semidios. Un genio del cine. El puto amo. Y como la Wikipedia bien dice, es un director, productor, guionista, editor y actor excelente (esta última palabra la agrego yo). No lo pongo en duda, y por eso, tal vez, el simple hecho de que lance una película acompañada, como era de esperar, de un buen marketing y un elenco considerable de buenos actores, sea suficiente para pensar que estamos frente a una obra de arte.

Muchas veces, intuyendo que la película es un éxito garantizado, me gusta ir al cine y dejar sorprenderme sin saber demasiado bien de qué trata. ¡Error! Y es que, a cómo está la entrada del cine hoy en día, no puedes permitirte tales errores. El caso es que un día como otro cualquiera, decido ir a ver la película y después de más de dos horas sentado en la butaca comiendo palomitas rancias, salgo decepcionado.

Es demasiado tiempo para una película que te deja continuamente esperando que pase algo que no pasa. Y, ¡ojo! Es posible que sea un peliculón para los nostálgicos y expertos de cine. En cierto modo es un homenaje al Hollywood de finales de los sesenta. Una combinación de ficción y realidad con muchos nombres, datos curiosos, menciones de personajes y situaciones de aquellos años (aunque para eso ya están los documentales). Pero repito, para quien conoce la época, fans incondicionales del mundo de la farándula y eruditos del cine. Para el resto de los mortales es una película que juega al arte de no contar nada, salvo una historia normal y corriente que, gracias al buen papel intrínseco de los actores en ciertas escenas (donde aquí sí que Quentin es uno de los mejores haciendo interesante algo cotidiano), cierto paralelismo con ellos y un par toques de humor, poco más tiene que ofrecer.

Nota: para los fans del Tarantino más gore y violento recomiendo saltarse la película y comenzar a verla a veinte minutos del final. 

Héctor Giménez Tamayo

Héctor Giménez Tamayo

Héctor Giménez Tamayo (27/06/1983). Natural de Alicante (España) y ciudadano del mundo. No está bien que lo diga, pero es la verdad: desde bien pequeño la escuela me aburría.

Una novela de Héctor GT

Un inesperado tropiezo con unos mafiosos y un accidente de tráfico cambiarán la acomodada vida del protagonista. A partir de este suceso, su vida dará un giro de ciento ochenta grados. Ya no volverá a ser el mismo de antes.

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